LA PRESUMIDA

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CAP.3; El burlón

II

VIAJE POR LA AUTOVÍA DE LA INTIMIDAD

Caminaba desnuda con su piel almidonada y radiante, manifestándose provocativa a la vista de los objetos inmóviles y mudos que asistían frecuentes a la lírica de su escenografía. Se dejó caer blandamente sobre la fresca y rosácea cama, gimiendo satisfecha un soplo placentero como si se hubiera hundido en un prado de flores. Las sábanas celosas del concierto la envolvieron de lujuria y del perfume predilecto, que a veces le aborrecía rutinaria y otras quedaba cautivada de la fragancia.

A fuego lento emprendió con la mano móvil un viaje descendiente por la autovía de su cuerpo, dirección a los secretos de su intimidad. Se acariciaba como solo ella sabía, notando la lisura delicada de la carne de sus dedos, que empezaban a encenderla levemente. Una mano permanecía agarrando las sábanas rosadas, que angustiadas chillaban silenciosas en nombre del hambre.

La otra hacía el recorrido de apertura desde la cabellera, circulando por el perfume femenino elegante y sensual que intoxicaba de erotismo la zona anillar del cuello. Trazaron por esferas simétricas de blanquecino, que contrastaban con el resto del cuerpo, y que la yema ejercía caricias suaves al pico sensitivo y rugoso. El juego se combinaba en círculos uniformes que ensanchaban el diafragma, acreciendo el volumen y ritmo respiratorio. Por la otra banda, los brutos y repentinos pellizcos eran consecuentes de un leve sonido punzante de dolor placentero.

Sin tiempo determinado dejó la zona alta del corazón -esponjosa para sus amantes y sensible a los amores- y prosiguió el viaje que alcanzaba el ecuador de los deseos. El ombligo era el centro de su cuerpo y núcleo para los labios de los amantes sumisos que besaban la piel tan fina y deleitable. Jugaba con la perla plateada de su ombligo que sensual le daban un toque desigual a la naturalidad de su vientre.

El bello erizado, simultáneo a la estimulación de corrientes placenteras por la pelvis, muslos y pecho. El rosáceo de las sábanas se convertía en calentura húmeda y mojada, perdiendo el frescor y perfume iniciales. Empezaban a rozarse las entradas del placer, los enigmas del gozo. Su figura se endurecía y contraía contagiando a todas sus extremidades, que algunas sudaban ardientes y se mezclaban paulatinas con el mojado del rosáceo.

Musicalizó la directora de orquesta los versos poéticos y melódicos que tenía guardados en el alma, alternando concordancia de ritmos suaves e intensos. En el pleno clamor de los acordes, articulaba una voz suavemente escandalosa y desgarrada que dejaban al burlón de los espejos como un relámpago furioso de excitación, empapándose de un vaho caliente que hacía borrasca en una parte del cristalino. En forma de cámara seguía cada movimiento de la musa y se reflejaba en el vidrio para duplicar la escena intrínseca. Ella lo observaba y se observaba de frente. Cerró los ojos por vergüenza de verse tan íntima y porque parte del placer se lo provocaba. Sin perder el registro y tono elevados.

Absorta en su singular fantasía, se le olvidó que la ventana se desplazaba inquieta y sonámbula. Soplos de aire que con cólera furiosa resonaban por toda la habitación y que causaban golpes estremecidos. La brisa fresca ventilaba y renovaba el oxígeno de la habitación, cargado de bochorno y libido. Rozaba con frescor el ardiente cuerpo, como si la corriente de aire fuera la fricción de unas manos eróticas que evocaban al pretérito. Las caricias eólicas de helor fueron las detonantes de espasmos incontrolables y de la contracción completa de todo su cuerpo rígido.

En la plétora del clímax, resonaban sus gemidos por el ventanal, accediendo al jardín silenciado y florido de naranjales y margaritas blancas. La luna iluminaba el pequeño pero refinado vergel que reposaba en la noche de una primavera revoltosa. El cielo estaba sereno y -aunque no era frecuente- estaba diáfano, divisándose con claridad los astros en el cielo. Tras terminar el apogeo y culminación de sus deseos, con la respiración agitada y complaciente estiró todo el cuerpo en la cama con las piernas arqueadas y los pies helados de base.

 

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LA PRESUMIDA

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CAP 2: LA DISCOTECA

III

ANTOLOGÍA DE MELODÍA Y HUMO

 

Seguía la noche, seguía bailando. Su ímpetu permanecía intacto como lo estaba Fascinación, su vestido azulado cargado de corriente eléctrica y que no era accesible ni digno para todos los públicos, y menos aún, para tanto ingrato suelto. Intercalaba baile y barra, según el grado de vicio. Tenía sed y carga emocional. A veces Gin, a veces Whiskey.

Esa noche dejó la combinación de ambos en manos de la improvisación y el diablo agradecido de su valía, le brindó las copas que ya olían a escándalos. Volvía a integrarse la carroña cumpliéndose la ley de atracciones. Empezaron los métodos del “descartes”.

El tiempo no lo perdía en selecciones. Los ojos y corazón son herramientas que observan y sienten, seleccionan y trabajan. Hay quienes rechazan correlación y los aceptan independientes entre ellos. Los suyos permanecían cerrados por reforma, y no se trata de ironía, no ignoraba a tantos por desprecio del deleite propio o porque fuera una mujer cruel y despiadada con los hombres.

El hastío y la desgana en la vida -en épocas no tan floridas- son infértil a la pasión, pero necesarios para perfeccionar aquellas carencias que atrofiaron al amor propio. Por otra parte, simultánea la impotencia hería profundamente orgullos y arraigos varoniles que no la dejarían descansar en su reposo sentimental.

Insinuante se mostraba para los presentes en la sala -la que llamaban de piel caoba y melena oscura- inclinada en el mostrador, tomándose su combinado estimulado de arrebatos. Hacía bello la forma y gesto con coquetería refinada, disimulada y sobresaliente, que en esencia escondían astucia y travesura. Los grados y los calores iban en progreso y paralelo a crecerse como protagonista, desatendiendo sorda al círculo. Qué placentero sentirme tan cerca de la hoguera y no quemarme. Qué placentero observar el episodio y absorber fragancias siendo intangible e invisible para ella. ‘’Ritmo suave, suave’’.

La música más leve, pero se mantenía ardiente. Suave, suave. Bailaba con las manos estimuladas en la cabeza moviendo el cuerpo lento y sutil acompasado de una métrica musical de versos en rima asonante y consonántica, según el tempo. ‘’Acércate y házmelo suave, suave’’ susurraba con un vientecillo que hacía temblar los oídos. Buscaba apasionada la perfección y armonía en la cadencia y el movimiento. Reemplazamos el círculo, para inventarnos un triángulo con las copas cristalinas. Por vocación y talante propio, se encendió un pitillo, dibujando graciosamente la primera tirada, un abstracto círculo blanco y consistente que se duplicaba en el reflejo del espejo. Saltaron las alarmas por su extrema sensualidad e insubordinación a la normativa formal.

LA PRESUMIDA

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CAP 2: LA DISCOTECA

II

”FASCINACIÓN”

La música sonora y vibrante movía los cuerpos nativos para el baile y de los que no lo eran, pero lo intentaban. Tras dejar de lado el círculo de aburridos, anárquica, bailaba con intensa sensualidad.

No le importaba evadirse heterodoxa del clan o de quien fuese, guiándose por las tentaciones impulsivas de su ”co-razón”. Sus emociones inquietas y desenfadadas provocaban cabreos de todos los colores, pero que la ilustraban de naturaleza rebelde -para mi gusto ‘’jodidamente extraordinaria’’.

Movimientos de cintura que hacían vibrar cuerpos estremecidos de lujuria, moviéndose brusca la cabellera en imagen desbordante y exagerada. Llevaba un vestido azulado eléctrico que se llamaba ”Fascinación”. Tenía los atributos competentes de esbelteza, elegancia y sensualidad. Contrastaba el color cobalto con la melena atezada y la piel olivácea. Fascinación tenía un escote abierto en forma de uve que mostraba la parte delantera -ni grande ni pequeña- proporcionada al cuerpo y dando armonía a la estructura.

La música era lo de menos, si allí se hallaba ella desinteresada y virtuosa por complacer su agrado. No conoció a Horacio ni en vida ni en versos, pero se entregaba pasional al tópico latino del Carpe Diem. La adopción, su amor fatal, su condición. Tenía motivos suficientes para recelar del futuro y de cualquiera.

Sonaba superfluo describirla bailar y bailar, pero verdaderamente no lo era. Solo la empatía es lo más cercano a interpretar los problemas. La música era un refugio con que distraerse y no caer en el abismo.

Sus profundidades eran pura tortura y no de esa que sacaba algunas lágrimas de vez en cuando. Era la angustia de arrancar corazones limpios que sin piedad y con mucha violencia les rompían la fragilidad. Tras fracturarse la inocencia se continua el martirio agravando dolores y hasta destrozar del todo. Traumatizada y pasada por la piedra de la crueldad, tenía fuerzas aun por bailar y sonreír con delicadeza fina. Se había comprometido y entregado a lo único que le quedaba; amor propio.

LA PRESUMIDA.

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CAP. 2: LA DISCOTECA.

I

bailar en las alturas

 

Se hallaba en una discoteca céntrica de la ciudad. La deleitaba bailar y sentir el éxtasis que le producían las luces y el potente sonido resonante del local. A veces, salas con más glamour de la alta Barcelona, otras veces bailaba entre peleas y majaderías de la baja purria.

Innegable era su talento en el baile. Lo detectaban con rapidez la tímida, el baboso, la creída, el engreído, el mirón, la envidiosa, etc y etc. Generaba opiniones de mucho tipo, siendo más adversa y tóxica la balanza.

Si se pasaba de bebida, derramaba gotitas cristalinas por su amargura. En ese tipo de fragilidades sentía la puñalada gélida de Malicia. En general, la gente más allá de ver un cuerpo hermoso que danzaba por las alturas, desconocían de aquellos pesares que llaman del corazón.

Su carisma y simpatía conseguía palique y copas a precio de convidado. Aun así, las constantes molestias que había de tolerar no compensaban la gratitud. Los invitadores eran por lo común, poco conformistas. Los necios querían cobrarse en otro tipo de materias. Se resignaban en la escasez de un par de sonrisas y respuestas rápidas con que ella respondía a tales obligaciones. A la práctica debía deslizarse esquiva y cortante al instante.

No es que fuera experta en eso de tener que esquivar. Como tampoco de su agrado, pues a veces le fatigaba ser tan antipática con todo el mundo. Le salía sin querer su intensa y natural alegría que de tanta belleza la atribuían. Al poco volvían a pasar la línea de la confianza y las formas, provocando reaccionar como con anterioridad. Cuestionable era el tipo de público precario y confuso de integridades con el que se topaba, de la misma manera que correspondían el género con una gran parte de la sociedad. Por lo tanto, eludirse no era misterio de Dios, era de ingenio y desenvoltura propios del sentido común.

Los galanes del tres al cuarto utilizaban sendos la misma táctica de cortejo y el plagio, aparte de absurdo, acrecentaba irremediable los defectos de la belleza que algunos de buen ver se permitían presumir. En el fondo, el problema no era tan grande y la solución era sencilla. Por cortesía los saludaba, se excusaba lo más educada e irónica, y salía disparada de allí haciéndose la sueca. Si alguno interceptaba su paso, lo duchaba ridículamente con el vaso de tubo. Si no lo tenía en la mano, se las improvisaba al juicio de su imaginación, como aquella vez que golpeó con más brío que fuerza y tras un grito atroz llamó la atención suficiente para dejarlo paralítico.

Con la G de Gozar

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Rojas las sábanas que rozan. Cautivada por la poesía melódica de los coloridos. Cautivado de arrebatarte el encaje de fragilidades. Susurrando lentas brisas de sensualidad que relampaguean. Fragancia mojada y húmeda del escarlata. Los dedos en simetría a tus formas, ardientes del trazo deleitoso de tu fantasía. Juguetear de la cama a la pared, de la pared a la cama y de la cama al éxtasis. Se aleja, se aleja muy lejos de aquí. A la vez la siento, la siento cerca de aquí. Descifrando las combinaciones enigmáticas que llevan a la G de gozar. ¿En qué punto o coordinada revolotean alterados tus lascivos deseos? Secretos son promesas que guardas solo para ti. La lengua dibuja círculos vibrantes y agita de temblor las piernas, simultáneo a contraerse empapadas. Violenta y salvaje estira del cabello en represalias y castigos de la pasión incontrolada. Ya divisa el vergel, ya alcanza el elíseo. Hallada en conquista –sublime y celeste- me contagia de la corriente convulsiva de una sacudida escalofriante y cruel.

LA PRESUMIDA

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Cap.1; La noche del carmín y del frenesí.

Volvía a pintarse los labios delante del espejo, enfrente de los servicios. La puerta del corredor estaba entreabierta, de tal forma que podía observarse bien.La armonía gestual y sencilla en el arte de colorearse presumida el escarlata de su boca parecían dotarla de facultad extraordinaria y violenta sensualidad.Su fragancia y esencia juvenil simbolizaban enigma de algún romancero clásico y de poeta olvidado.

Llevaba un atrevido y provocativo vestido rojo, ceñido y hermético por la parte delantera y superior pero volante de mini-falda en la parte que alcanzaban los muslos. Pieza estrella en las fiestas o eventos nocturnos de gran relieve. Combinaban el carmesí labial y el rubí de su prenda haciendo un juego de llamativos contrastes con su piel morena y la negra y larguísima cabellera que llegaba a alcanzar hasta la apertura de la misma falda.

Las miradas se cruzaban y reflejaban en el espejo. Dominaba el juego de cruces y los tiempos. Cuando creía preciso, regalaba una intencionada mirada. Se recreaba en el juego, sonriéndose risueña, tierna e inocente en el diáfano cristalino. El pintalabios altivo y arrogante provocaba instintiva celosía por estar en posición tan halagadora y singular

Fatigada del minucioso esfuerzo de perfeccionar su imagen, fumarse un cigarrillo era merecida recompensa tras tantas atenciones en el arte estético y atractivo. El baño estaba convertido, por deleite y capricho propios, en un salón de belleza.

Caminaba con realeza y regalaba su perfume de origen marítimo de las saladas aguas del Mediterráneo. La sed medraba con la sal y el escozor el fulgor del deseo. Su mirada era irresistible y aquella dureza clandestina que guardaban sus ojos en posición estática y en periodos breves debían ser de la fatalidad de amores pasados y las ofensivas de Envidia y Malicia, Diosas del encanto hechizado por la espalda y de la discrepancia irrisoria de la belleza.

Al cruzar el local como en una pasarela, movió con frescor eléctrico el largo de su melena, simultáneo, al verse duplicada en el vidrio de la puerta. Se miraba meticulosa.Era aficionada al teatro y a interpretar funciones y ensayos en espacios comunes de la vida. Las ambiciones de los ojos y luceros que la observaban, parecían querer regalarle poemas. Ella pasaba altiva por delante ignorando los estados hambrientos y de cólera controlada, pues no entendía ni pensaba en el significado de aquellas materias poéticas–no le era necesario- pues se conformaba sencillamente, con ser intangible y auténtica musa.

Fuera la luz brillaba con mucha fuerza, el cielo estaba sereno y reflejaba su quietud en toda la calle Aribau. Desde cierto ángulo, se veía a pocos centímetros de su cara una inmensa y brillante luna, causante de tanto resplandor en la calle de la fantasía y del ingenio literario y literato/a. Fumaba paulatinamente y exhalaba el humo con elegancia y delicadeza, y este, parecía que se dirigía veloz hacia el brillante y gigante astro en el cielo.Sus labios merecían custodia, porque de tan finos,parecían pura fragilidad de hacerlos daño sin querer.