LA PRESUMIDA

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Cap.1; La noche del carmín y del frenesí.

Volvía a pintarse los labios delante del espejo, enfrente de los servicios. La puerta del corredor estaba entreabierta, de tal forma que podía observarse bien.La armonía gestual y sencilla en el arte de colorearse presumida el escarlata de su boca parecían dotarla de facultad extraordinaria y violenta sensualidad.Su fragancia y esencia juvenil simbolizaban enigma de algún romancero clásico y de poeta olvidado.

Llevaba un atrevido y provocativo vestido rojo, ceñido y hermético por la parte delantera y superior pero volante de mini-falda en la parte que alcanzaban los muslos. Pieza estrella en las fiestas o eventos nocturnos de gran relieve. Combinaban el carmesí labial y el rubí de su prenda haciendo un juego de llamativos contrastes con su piel morena y la negra y larguísima cabellera que llegaba a alcanzar hasta la apertura de la misma falda.

Las miradas se cruzaban y reflejaban en el espejo. Dominaba el juego de cruces y los tiempos. Cuando creía preciso, regalaba una intencionada mirada. Se recreaba en el juego, sonriéndose risueña, tierna e inocente en el diáfano cristalino. El pintalabios altivo y arrogante provocaba instintiva celosía por estar en posición tan halagadora y singular

Fatigada del minucioso esfuerzo de perfeccionar su imagen, fumarse un cigarrillo era merecida recompensa tras tantas atenciones en el arte estético y atractivo. El baño estaba convertido, por deleite y capricho propios, en un salón de belleza.

Caminaba con realeza y regalaba su perfume de origen marítimo de las saladas aguas del Mediterráneo. La sed medraba con la sal y el escozor el fulgor del deseo. Su mirada era irresistible y aquella dureza clandestina que guardaban sus ojos en posición estática y en periodos breves debían ser de la fatalidad de amores pasados y las ofensivas de Envidia y Malicia, Diosas del encanto hechizado por la espalda y de la discrepancia irrisoria de la belleza.

Al cruzar el local como en una pasarela, movió con frescor eléctrico el largo de su melena, simultáneo, al verse duplicada en el vidrio de la puerta. Se miraba meticulosa.Era aficionada al teatro y a interpretar funciones y ensayos en espacios comunes de la vida. Las ambiciones de los ojos y luceros que la observaban, parecían querer regalarle poemas. Ella pasaba altiva por delante ignorando los estados hambrientos y de cólera controlada, pues no entendía ni pensaba en el significado de aquellas materias poéticas–no le era necesario- pues se conformaba sencillamente, con ser intangible y auténtica musa.

Fuera la luz brillaba con mucha fuerza, el cielo estaba sereno y reflejaba su quietud en toda la calle Aribau. Desde cierto ángulo, se veía a pocos centímetros de su cara una inmensa y brillante luna, causante de tanto resplandor en la calle de la fantasía y del ingenio literario y literato/a. Fumaba paulatinamente y exhalaba el humo con elegancia y delicadeza, y este, parecía que se dirigía veloz hacia el brillante y gigante astro en el cielo.Sus labios merecían custodia, porque de tan finos,parecían pura fragilidad de hacerlos daño sin querer.